Bueno, pues resulta que paseando por la red me he encontrado con un artículo que he encontrado interesante sobre el proceso artesanal de elaboración de la pez. Aquí lo dejo para quien le pueda servir.
El arte de la fabricación de la pezHubo un tiempo en que la pez era una sustancia muy utilizada. La actividad pezguera fue tan importante o más que la maderera, la ganadera o la de los carreteros. En muchos pueblos se crearon industrias de obtención de pez. En Quintanar de la Sierra fue muy floreciente, tanto que a finales del S. XVIII contaba con una Real Fábrica de Betunes o brea.
Para su obtención se utilizaban como materia prima: las teas resinosas procedentes de toconas de los pinos albares de nuestra zona. La pez se empleaba como impermeabilizante para un gran número de enseres, aperos de trabajo, calzado, pellejos de vino, botas de vino, maderas, etc. Los fabricantes de embarcaciones la aprovechaban para cubrir los cascos de los barcos (en la actualidad hay otras formas de fabricar betún y brea, pero en esas épocas, la Marina no tenía otro modo de obtener el alquitrán para proteger e impermeabilizar la madera de los barcos).
De la treintena de antiguos hornos que aún quedan en nuestros montes, se ha recuperado uno de ellos: el "Horno de Mataca", situado en el monte cerca del arroyo Mataca, donde una vez al año se invita al público en general a observar y participar en este laborioso proceso de la fabricación de la pez.
Choza del "Horno de Mataca", donde se guardaban los aperos para el trabajo y se almacenaban las teas.
Al lado vemos el pozo excavado en la tierra, donde se cuecen las teas.
Los hornos constaban de tres pozos realizados con piedra y barro recocido. Estaban situados en pequeños “testeros” aprovechando desniveles. Cada cuadrilla solía trabajar en un horno que compartía con otras cuadrillas o pezgueros, no es que tuvieran normas escritas, se guiaban por la costumbre y el sentido común.
Descripción de su elaboraciónLucía María Antón, hija de Vicente María Pozo un gran pezguero, nos deja su testimonio explicando cómo se llevaba a cabo la elaboración de la pez. Cuenta que ella misma colaboró con su padre en alguna ocasión: “El uso del horno iba por turnos (cada tres días más o menos), así que mi padre, primero tenía que ir al monte a recoger los trozos de toconas viejas para hacer la tea y luego las cargaba al burro o las llevaba al hombro o a la espalda en un costal. Para una hornada, podía necesitar unas 15 cargas de burro que almacenaba en un chocito que tenía en el monte. Cuando le tocaba el turno, metía las astillas apilándolas en el horno aún caliente. Como era profundo, una persona bajaba al fondo y otra le iba alcanzando las teas con un cesto. Era un trabajo costoso porque hacía mucho calor allí dentro y se tardaba al menos medio día en llenarlo. Poco a poco distribuía las teas una fila tras otra, de forma que fueran inclinadas hacia el centro para que destilara el alquitrán.
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Aquí vemos cómo van apilando las teas.
Después, se tapaba la boca del horno con unas losas y hojalatas dejando una pequeña chimenea y se prendía. Así estaba todo un día o un día y medio quemándose lentamente para que destilara el alquitrán que iba cayendo poco a poco a otro pozo (este segundo pozo tenía que estar bien tapado para que no entrase agua ni aire).
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A la izquierda, el primer pozo prendido, y a la derecha, sellando el segundo pozo.
Luego se pasaba el alquitrán con un cazo largo al tercer pozo, donde se prendía y se daba vueltas con un palo largo llamado “horguinero” y se removía de vez en cuando. Cuando les parecía bien, sacaban una "prueba" para comprobar que ya estaba hecha y cerraban el pozo.
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Prendiendo el alquitrán resultante y dándole vueltas para obtener la textura deseada.
Abajo, después de preparar una artesa (hecha de tablas con arena en el fondo) se procedía a pinchar por el caño el fondo del pozo y entonces la pez líquida caía a la artesa. ¡Es curioso que en esos tiempos creyéramos que era bueno respirar esos vapores que emanaba!
Abriendo un agujero para que caiga la pez desde el pozo a la artesa.
Sólo faltaba dejar enfriar en la artesa. Al cabo de dos días quitaba las tablas, se partía en tres trozos grandes y se cargaba al burro para llevarlo a casa y luego venderlo." En la página Canal Patrimonio se muestran unos vídeos realmente interesantes donde se puede ver detalladamente todo el proceso de la fabricación de la pez.
Las consecuencias de esta actividad para la regeneración de nuestro monte fueron importantísimas. Al excavar miles de toconas de pinos se facilitaba el arraigo de la piña y el nacimiento de nuevos árboles. La profusión de hornos del monte La Dehesa de Quintanar es un caso único en toda España, ya que es mayor que en el conjunto de montes de la comarca. Según se comenta, los boteros de Salas, Covarrubias y Burgos, decían que "no había pez como la de Quintanar".
Hoy en día los productos sintéticos derivados del petróleo la han sustituido por su comodidad, y la fabricación de la pez en Quintanar, al igual que en otros lugares (como puede ser Hontoria o alguna comarca de Zaragoza) se limita a preservar, mostrar y difundir este oficio de pezguero, que fue una tradición estrechamente ligada a la población de las tierras pinariegas.
Aquí vemos a los últimos pezgueros de Quintanar: Pascual García Antón a la izquierda,
en el centro Fabián Ibáñez Antón y Raimundo Blanco Antolín a la derecha
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